¡Iniesta de nuestras vidas!
¡Iniesta de nuestras vidas!
Salvador García LLanos
La exclamación fue de José Antonio Camacho, entrenador de fútbol metido a comentarista televisivo, el célebre año de la conquista del Mundial:
-¡Iniesta de mi vida!
Luego, fue repetida por muchos, con sorna y todo, como si fuera un ícono dialéctico o una bendición eterna.
Quedó grabada a fuego aquella expresión que rubricaba el gol de Andrés Iniesta, aquel remate con la derecha, frente a Stekelenburg (Países Bajos), dentro del área a pase de Fábregas en el minuto 116, el inolvidable 116.
Con el paso de los años, aquella apelación vitalista se ha ido popularizando y ahora que Iniesta, desde Japón o desde Emiratos Árabes, el retiro dorado, donde fue a colgar las botas, anuncia su retirada, se ha transformado por sí sola en una suerte de amuleto colectivo de generoso significado social y deportivo, tal es así que puede decirse, en realidad es:
-¡Iniesta de nuestras vidas!
(Era un domingo, 10 de julio de 2010. En el ámbito más cercano, el gol hizo estallar, como si fuera uno más de los voladores y fuegos artificiales que acompañan a la imagen, los sentimientos de quienes participaban en la procesión del Gran Poder de Dios, cuando cruzaba la calle Puerto Viejo. Cuentan quienes la portaban que hasta la imagen se estremeció. La catarsis fue indescriptible).
Andrés Iniesta entró en la historia y ahora que se retira hay que ponderar su acierto, su visión, su desmarque, su remate con la derecha. Como otro que protagonizó vestido de aurinegro en el campo londinense de Stamford Bridge, frente al Chelsea, en semifinales de la Champions. El ‘Iniestazo’, le bautizaron.
Era, en verdad, un futbolista excepcional, superdotado, al que han adornado otras virtudes humanas, además de las balompédicas. Tuvo el valor de bajarse la elástica para que pudiera leerse bien su expresión de solidaridad con Jarque, amigo, rival y futbolista de carne y hueso como él. Se preocupó de visibilizar la importancia del cuidado de la salud mental en el ámbito laboral, con un programa que llevaba su sello, ‘Táctica Iniesta’, que pretendía fomentar las buenas prácticas de las empresas en el terreno del apoyo emocional y el desarrollo personal y profesional de sus empleados. Visión de juego, catalizador, pasador, correcaminos, infatigable, generoso, una gran capacidad de resiliencia… y definidor cuando se terciaba. Pulmón de cien caballos.
Le vamos a decir adiós con todos los honores. Los que supo ganarse a lo largo de su carrera futbolística. Los que ha atesorado como lo que era, un superclase.
Por todo eso, por aquel gol en Sudáfrica, será recordado:
-¡Iniesta de nuestras vidas!